AHMAD 3
Lunes 13-11-2017
Llegué a casa de Ahmad, que sentía ya como mi casa.
- Hola -dije, sin entrar a la habitación y le vi por el filo de luz que se asomaba tras la puerta cerrada-.
No se escuchó respuesta y realmente no quise forzar la situaación, me dirigí a la cocina y dejé algunas bolsas que llevaba conmigo con todos los "objetos mágicos" que había adquirido esa tarde con Pepi.
Di un par de vueltas por la casa y comí una tira de fuet que había comprado en el súper antes. Seguía en silencio incluso cuando escuché a Ahmad abrir la puerta de su habitación.
- ¿Qué es lo que hace esta olor? -espetó en la oscuridad del recibidor-.
- Ah, es una de las cosas que he comprado con la mujer que he ido a ver -normalicé-.
- ¿Es la ropa? ¿Es la ropa que hace peste? ¿Ropa sucia? -insistió él, un tanto obsesivo como de costumbre-.
- No es la ropa, te digo que son las cosas que he conseguido de esa mujer. Tranquilo, luego me lo llevo al coche -dije para que se callara-.
Ahmad era realmente pesado cuando se obsesionaba con un tema. Yo por mi parte iba mucho a mi rollo, pero aún y así era insoportable muchas veces y tenía que aprender a disimular cosas para que no se alterara... me di cuenta de que eso es algo muy habitual en las parejas, que se ocultan cosas insignificantes para no poner nervioso al otro, por ejemplo, respecto a hacer compras o economía.
Se acercó a mi y por fin le vi la cara, saliendo del recibiddor y asomándose a la luz del comedor.
- Pensaba que hoy no vendrías -dijo él-.
No contesté nada, relamente ignoré su comentario porque no quería discutir sobre nuestra relación y lo que habíamos acordado, es decir, vivir juntos. Sino avisaba, quería decir que vendría, pero eso no se lo decía porque si me metía en esa conversación ahora...
Vi como se ponía la chaqueta.
- ¿Ya te vas al gimnasio? -le pregunté-.
- Si.
Cuando salío por la puerta me avancé hasta él y le di un beso en la boca. Él respondió frió y frunciendo el ceño, pero no dijo nada. Simplemente respondió un poco al beso como "quien no quiere la cosa" y salió por la puerta. No me gustó para nada que dio un portazo.
Abrí de nuevo la puerta y le dije:
- No hace falta que cierres así la puerta -sin rencores ni pensarlo más, cerré... tenía un plan entre manos-.
Justo en ese momento me puse a abrir las tres velas de corte que me había ofrecido Pepi para liberar las energías negativas relacionadas con el amarre de Thais hacia Ahmad.
En ese momento, recordé la tarde que había pasado. Justo después de comer con mi madre, había decidido irme a casa para hacer uno de los videos de astrología y así avanzar con el proyecto. Luego me iría a una tienda de bricolaje para comprar unas tazas de watter para la oficina... y luego ya iría a Barcelona para acabar la noche en casa con mi pareja. No obstante, todo el plan se desmoronó por completo, pero no tuvo importancia, porque mi misión ese día era otra y pronto explicaría cuál.
Justo al ir a buscar el coche, la puerta metálica de Pepi se levantaba hacia arriba y ella asomaba la cabeza por la puerta de cristal oculta tras el metal en movimiento. Mi coche estaba justo en frente de su tienda, o como le llamaba yo, santuario.
Me decidí a hablar con ella y si tenía espacio en su agenda, estaba segura de que iba a entrar con ella porque sentía que era el momento. Había pasado infinidad de veces por en frente de su tienda durante días y no se había abierto la persiana y otras veces, si que estaba allí, pero no había sentido la llamada para entrar... es un impulso que te dice "hoy si".
- Hola, ¿Cómo estás? -le pregunté, en ese momento no recordaba su nombre-.
- Muy bien -sonrió ella con esos ojos especiales que tenía- en recuperación por lo del accidente cada vez mejor.
Me acerqué al rellano de su tienda y me puse delante de ella.
- ¿Tú cómo estás? -me preguntó ella-.
- Yo increíblemente bien -me refería al negocio, que era lo que había trabajado con ella- muy bien la verdad... desde que hice la novena que me dijiste, que todo ha cambiado muchísimo. Estoy muy contenta y mucho más que va a crecer, lo sé.
- Me alegro muchísimo Alba.
- ¿Y a ti como te van las visitas? -le pregunté- ¿Tienes muchas?
- Va fluctuando, a veces más a veces menos pero si que voy haciendo... mientras lo combino con rehabilitación.
- Ah, perdona, me refería a esta tarde -quise aclarar- ¿Tienes a alguien para ahora? -le aclaré- lo digo porque me podría mirar de hacer una sesión contigo.
- Pues si, claro que si, coméntale a mi hija un segundo que sabe que hay hoy.
- Perfecto, si que me diga las tarifas.
- Si, cariño. Yo me acabo el cigarro un segundo y ella te va diciendo -me dijo la mujer misteriosa-.
- Tu tranquila a tu ritmo que yo he aparecido de la nada... me espero o que haga falta.
Al cabo de diez minutos ya estábamos sentadas en la sala de consulta. Esa mujer al principio resultaba un tanto rara, misteriosa, daba un poco de miedo entrar en su tienda... pero yo sabía que no había maldad y confiaba plenamente en ella. Una vez me había liberado en un segundo de cosas que parecían estancadas desde lugares muy recónditos del subconsciente. Esta vez, sentía que liberaría mi segunda parte.
- Vale Alba, podriamos hacer primero una tirada general. ¿Quieres una infusión? -miró a su hija- ¿Poleo menta?
- Si perfecto, le dije.
Empezamos la sesión de tirada de cartas.
- ¡Veo muchísima foruna Alba! Madre mía... estás haciendo un proyecto increíble y además volcando muchísimo amor en él.
- Si... -se me cayeron unas lágrimas de lo plena que me senía con el centro que estaba creando-.
- Alba, lo que estas montando no es nada fácil, las personas que has atraído no suelen venir así de sencillo. Se nota que vas a ayudar a muchísima gente. No te detengas. Pierdes la energía a veces porque sientes que no puedes... pero si que puedes. Elimina el "isi...".
- Si, yo misma en ese sentido es verdad que tengo que reforzarme.
- Pero lo harás, sin duda. Veo muchísimos proyectos Alba, los tienes que llevar a cabo. Y traeran muchísima fortuna, no te detengas, son este mismo año -dijo ella-increíble, nunca había visto tanta fortuna y abundancia aspectada hacia bien. Eres una niña muy especial, un amor.
- Gracias -sonreí mientras caía una lagrimita de mi mejilla y me secaba con los dedos esperando a que la lágrima se deshiciera en mis manos-.
- Lo que veo que la relación de pareja es un poco chocante -me dijo ella- vamos a verla con más detalle si quieres.
La última vez que había estado en su consulta, la mujer misteriosa había ido directa al grano con el negocio y el tema de pareja lo había pasado por alto. Si que recuerdo que había visto una mujer que estaba en medio de mi relación de amor... pero se había desviado a trabajar en relación a la fortuna económica. Esta vez, supe por todas y ella también que tocaba el tema de relación de pareja.
- Alba, veo aquí algo raro, los enamorados con al lado el diablo. Algo pasa... veo choques pero lo veremos mejor ahora si te parece bien.
- Me parece perfecto -aseguré convencida-.
- Alba, a este chico le ha hecho mucho daño una antigua relación. Mira este corazón con espadas clavadas... pero te quiere mucho Alba, realmente está enamorado de ti.
- ¿Si? -le pregunté- ¿en serio lo ves? Porque eso dice o intenta hacer ver de alguna manera... pero...
- Es así, te quiere muchísimo y hay una química muy especial... pero Alba, ha tenido un anclaje muy fuerte con la otra relación y lo veo muy desconfiado, inseguro, con mucho miedo... pero cuando te vas de su lado te necesita de verdad y se siente perdido, por eso te busca... es como un niño. Ha sufrido mucho con la otra relación, pero con quien quiere estar ahora es contigo -aclaró una cosa- lo que pasa es que le veo en un nivel diferente a ti. Él tiene celos, es posesivo y no confía para nada en ti... piensa que puedes conocer a otra persona en el entorno en el que te mueves y le puedes dejar. Lo ha pasado muy mal con la otra chica y por eso le cuesta ir de verdad contigo, está muy inseguro... -siguió analizando- por otra parte, le veo muy materialista, le importa mucho el dinero... y eso dista mucho de lo que tu quieres realmente de una persona Alba. Las cartas no me marcan una ruptura, pero si que me marcas que tu estás en su vida para enseñarle algo... fíjate, enseñarle tu a él. A confiar, a ser más maduro. Pero él salta por cualquier cosa y tu vas con un poco de miedo siempre por si se va a tomar mal lo que dices o haces... y eso no es la relación que tu quieres para formar una familia. Pero te quiere de verdad... y ahora mismo no marca ruptura, aun hay un proceso.
- Sinceramente, ¿tu crees que puede cambiar? -pregunté sincera-.
La mujer de ojos de terciopelo azul me miró a los ojos fijamente y clavó su mirada fulminante:
- No, Alba.
Supe que me iba a decir eso.
- No obstante, vamos a ver qué ocurre con un poco más de cuidado respecto a la chica esa y por qué ha sufrido tanto... ¿Qué pasa?
- ¿Habrá cortado realmente con ella? Realmente no se si ha superado ese sufriemiento aunque lo intenta... -le comenté- o si podrá hacerlo.
- Eso quería ver yo ahora, porque lo veo super anclado a esta relación pasada -ella no sabía absolutamente nada de mi relación -tiró las cartas y me enseñó claramente qué sucedía-.
Mire a las cartas que me señalaba.
DISCUSION DURA: Motivo, peos en la cama hacia mi + abrazos + no decir te quiero nunca. A punto de coger mis cosas a la 1 de la mañana e irme.
Martes 14-11-2017
Habíamos cenado los dos esa noche, la noche de martes... y yo me había lavado los dientes y me había metido prontito en la cama. La noche anterior ya había sido una discusión bastante fuerte y no tenía ganas de repetir. Lo cierto es que con Ahmad iba siempre congojada i nunca sabías cuando iban a empezar los ataques verbales, ya tenía experiencia.
Entró por la puerta de la habitación ya refunfuñando.
- Te has dejado la vela encendida en el comedor -refunfuñó desde el comedor, y en ese momento no servía nada que pudieras decir o no porque iba a ir en creixendo, así que envuelta en el nórdico y con la luz del cuarto encendida, me dispuse a esperar a que entrara por la puerta... nervioso y amenazante como siempre- ¡Siempre igual! -iba subiendo el tono sin darse cuenta y yo iba notando como mi sistema nervioso se iba alterando un poco más y un poco más... ¿Miedo? ¿Congoja? No lo sé... pero Ahmad cuando se ponía a criticar con mala ostia iba a hacer daño-.
Entró por la puerta y cómo pude suponer, siguió criticando el tema de las velas.
- Si pones una vela la apagas, ¿Qué esperas? ¿provocar un incendio? Estás en mi puta casa y aquí no quiero que se pongan más velas ¿lo entiendes? -me molestó muchísimo el tema de que estaba en "su casa" y aquí se hacía lo que él decía, pero intenté ignorarlo-.
- Ahmad es una vela muy pequeñita y está encima de la mesa del comedor sin nada cerca, además tu también has puesto muchas velas siempre...-me cortó en seco-.
- Tu eres gilipollas, es que te crees...
Ahora le corté yo y salté de la cama como moviéndome por un impulso que me dió fuerzas sobre natuales. Mi corazón se revolucionó a mil y lo noté casi salir del pecho, los ojos se me abrieron como platos.
- Tu a mi no me vuelves a llamar gilipollas -me acerqué a él levantada encima de la cama y con la voz lo más robusta que consigo sacar, dentro de ser por naturaleza muy dulce- ni se te ocurra en ningún momento más insultarme bajo ningún concepto y menos por una puta vela encendida.
Ahmad abrió los ojos como platos por un momento y de repente se le empezaron a hinchar todas las venas del cuello, los ojos se le agrandaron y al ir sin camiseta, pude ver como los músculos del pecho se le inflaban y se ponían también al rojo vivo.
Inesperadamente y en consecuencia de lo que estaba viendo delante de mis ojos, vi como se puso a chillar de repente como si fuera, literalmente, el moustro Hulk. Con sus brazos anchos y robustos, me cogió como si fuera una pluma y me llevó desde un exremo de la cama a casi darme con la pared, sobre el cogín y, sin dejar de chillar, me empezó a zarandear sobre la cama cogiéndome de la parte superior de los brazos con fuerza.
En ese momento esperé a que dejara de chillar él... mientras gritaba unas palabras que seguían al rujido.
- ¡A mi no me chilles...! -gritaba él, aunque yo no le había chillado... le había alzado la voz y la había endurecido, a él le sentaba mal-.
Una vez me soltó, de repente saqué fuerzas de dónde no las tenía y seguí el juego. Se volvió a poner de pie y yo delante suyo, aunque era mucho más bajita que él y mucho más enclenque, le reté porque me había hecho daño físico en el hombro sin que yo le hubiera tocado. Notaba como el dolor del brazo superior estaba latente, pero en ese momento ni lo miré.
- Muy bien, es lo que quieres, pues pégame -le provoqué dándole un toque en el pecho casi insignificante, pero que sabía que podía llegar a molestarlo mucho. No sabía que estaba haciendo, pero lo que tenía claro es que a este lo iba a poner en dos situaciones que él mismo escogería. La primera era a ralla porque no iba a permitir que me hiciera daño haviendo pedido él mismo que volviera a su casa, o dos, en lo que me estaba demostrando que era casi cada día y casi a cada momento: un subnormal maltratador psicológico y físico- ¡Pégame si tantas ganas tienes! -y le volví a dar un empujón suave pero contundente al pecho-.
Fue entonces cuado Ahmad reaccionó y me empujó contra a esquina que sobresalía en la habiatación, por suerte no me dí con ella y me quedé apretujada contra el rincón que creaba el ángulo de la puerta, un trozo de pared que sobresalía en relación a la pared de la habitación... hacía un rinconcito dónde él me acorraló poniéndome la mano en la boca y cogiéndome del brazo. La presión que hacía Ahmad era fuerte.
- No pienso dejar que me trates así -espeté- las mujeres no estamos a tu disposición ni tampoco voy a permitir que me vuelvas a insultar - y me despegué de él tirándolo hacia atrás como pude-.
Lo tenía delante, alto y musculado. En algún momento en el que no me había dado cuenta se había puesto la camiseta de dormir blanca. Empecé de nuevo a ponerle a prueba.
- Cada vez que me insultes, me amenaces, o me digas cualquier cosa vas a tener esta reacción... -le dije yo- estuve durante un mes entero viviendo contigo callada y sin decir nada cada vez que me maltratabas verbalmente. Cuando me puse como hoy, fue cuando salí por patas y me fui de tu casa. Y tu me has insistido y me has venido a buscar incluso al trabajo para que yo vuelva... me has perseguido por emails, me has estado diciendo que me querías sólo cuando me pierdes... - no balbuceaba- y ahora no pienso permitir ni un solo insulto. Ni una sola falta de respeto. Esto es una prueba, y si la tengo que pasar la paso -le volví a dar un toque en el pecho-.
Ahmad empezó a empujarme. Cada toque suyo era como si yo pudiera desmontarme en cualquier momento porque tenía muchísima fuerza. Me caí un par de veces contra la cama de sus empujones y también al ir hacia atrás estaba el radiador que se desplazó unas cuantas veces por el rebote de mi cuerpo. También me dí con el mueble de los zapatos que tenía atrás. Él veía que a mi me pasaba todo eso, pero estaba ciego por sus emociones.
- No te das cuenta, lo veo claro -espeté muy directa- no te das cuenta de que cualquier empujón tuyo representa mucho más que cualquier otra cosa que yo te pueda hacer. Que tienes mucha más fuerza que yo... -pero él seguía aunque yo le hablara-.
En uno de los empujones que me dió, me cojí a su camiseta blanca y la manga se le alargó. Él no paró de empujarme, mientras yo me volvía a levantar y seguía dándole toques en el pecho, sin punto de comparación con la intensidad. Realmente si quisiera hacerle daño le hubiera dado en los huevos, realmente se lo merecía, pero yo no iba a hacer eso para nada del mundo. Eso si, le estaba poniendo a prueba de su límite. Y no paraba.
En uno de los empujones volví a cogerme más fuerte de su camiseta blanca, y se encuchó un pequeño desgarre más. Él con los ojos como platos me alargó el brazo y...
- Vas a ver como te voy a romper a ti yo también algo... -escuché un clack en mi cuello-.
Me toqué la cadena, llevaba dos. Una más fina, la otra más gruesa. Una era una cadena de protección, el otro collar me lo regaló mi madre. Lo había roto cien por cien.
- Mi madre me había regalado este collar, pero no pasa nada, te lo has cargado... -le dije y mi corazón latía fuerte-.
En ese momento empecé a empujar con más toques y más toques, él a mi también. Yo me agarré con fuerza a su camiseta y entre estirón y estirón se la desgarré por completo. Quedó totalmente destrozada, desgarrándose por el cuello.
- Pues a mi me había regalado mi hermana esta camiseta -me dijo él-.
- Pues si esto es lo que necesitas crear y hacer para darte cuenta de que a mi no me insultas, vamos bien -solté- te tengo que poner a prueba a ver hasta que punto eres capaz de llegar -insistí en molestarle y le di con un dedo en la cara, sin hacer presión, sin hacer daño, pero yo sabía que iba a tocarle los cojones-.
- En la cara no, me dijo él. ¿Nunca te han dicho que en la cara no? -dijo él como si fuera un experto de las ostias-.
En ese momento nose muy bien que pasó, pero seguimos con la lucha un rato sin hacernos daño realmente y discutiendo sobre estupideces. Por fin nos calmamos y yo volví a repetir lo mismo.
Entre esas cosas me atreví a decirle varias sandeces que realmente creía desde el principio:
- Te mereces estar con tu la furcia de tu ex -decía sacando todo el mal rollo que llevaba dentro- siempre lo he pensado así. Porque los dos tenéis la misma manera de hacer con faltas de respeto y estáis los dos mal de la cabeza.
- No me vuelvas a hablar de mi ex porque al final me van a dar ganas de follármela otra vez -amenazó-.
- Ya estas amenando de nuevo, estoy cansada de tus amenazas... que si te voy a echar de casa, que si me voy a follar a mi ex, que si voy a llamar a mi hermana para que te venga a buscar... -relaté- aprende a dejar de amenazar a la gente, porque si estoy aquí es porque cuando me voy si que te arrastras para que vuelva. Así que cuando me tienes aquí me respetas y me cuidas. Estoy aquí solo por ese motivo, para que me respetes, y no pienso dejar bajo ningún concepto que te pases más de la ralla.
- Tu también amenazando -decía cosas incongruentes-.
Me senté en la cama, sin saber cómo había bajado el nivel de agresividad y él estaba sentado ante el ordenador y yo en el borde de los pies de la cama.
- Lo único que me demuestras es que no entiendes nada de lo que te digo -expliqué- parece que no tengas ni la más mínima idea de lo que te estoy diciendo, de lo que es el respeto. Yo no soy tu ex y conmigo no vas a tener una relación de desprecio. No pienso permitirla porque sino no la habrá y punto -le marqué- yo estaba tan tranquila por ir a dormir y me has insultado. Que sea la última vez que me faltas al respeto y menos por una vela insignificante -comenté- y si no te das cuenta de todo esto, quiere decir que no vamos a poder estar juntos. Ayer estuve a punto de coger mis cosas e irme. Me dijiste que me quedara, pues cuídame...
- Me tiene que salir a mi el darte abrazos y besos -soltó él-.
- Por supuesto, pero has tenido una semana ya para empezar a hacerlo y sin problemas, y eres tu el que provoca las broncas, porque tu me faltas al respeto. No es normal lo que haces -una parte de mi pensaba... ¿por qué narices estoy aquí? no tenía ninguna necesidad de aguantar eso... y otra decía... "ahora te lo comes por volver" y... tu sabrás. Mi voz más profunda quería decirme que realmente había esperanza y/o algo más importante por lo que tenía que vivir aquello-.
- Bueno mira Alba, quiero dormir. ¿Me vas a dejar? -insinuó él como si yo fuera la causante, era su frase favorita: ¿me vas a dejar dormir? Mi sistema nervioso se estaba fortaleciendo entre la empresa y este energúmeno...-.
- Te voy a dejar dormir cuando tu no me insultes y me respetes. Métete en la cama si es lo que quieres. Mientras no me hagas daño a mi, vas a poder dormir tranquilo sin problema.
La discusión de la noche fue horrible, y todo porque me dejé una velita de esas pequeñitas encendida sobre la mesa del comedor. No obstante, pude acallar mi ruido interior y dormí tranquila. Tenía que ver cómo gestionar todo esto... en algún momento...
15-11-2017
6-12-2017 --> VIAJE A VALENCIA
Salimos una hora tarde porque no estaba preparado a la hora que habíamos indicado para salir. Fuimos con blablacar, el chaval había reservado un par de horas antes de salir de manera automatica, me pegó la bronca y me dijo que nunca más activara blablacar.
El Viernes para la cena me lió el pollo de salir corriendo porque quería ir a un restaurante un poco carillo para cenar. Salió corriendo con la llave del hotel y me decía que vivo por encima de mis posibilidades.
9-12-2017
Hice la cena antes de que Ahmad llegara a casa, a las siete había ido a comprar verdura y algunas cosas que faltaban.
20-12-2017
21-12-2017
Nos pasábamos la tarde tranquilos en casa de buen humor, yo trabajando, él esta vez mirando una serie que tenia pendiente por nuevos capítulos. Yo me puse a hacer cálculos de gastos mensuales que había tenido y decidí volver a plantearme una nueva reorganización económica a causa de la nueva demanda de gastos que me vendrían programados el mes de enero del año siguiente. No solo eran gastos ocasionados por el negocio que estaba montando, sino también por convivir en pareja... cosa que a mi me encarecía muchísimo el estilo de vida... ¿estaría preparada?
Era el momento de pensar, planificarse bien, arriesgarse a nuevos saltos de calidad... porque era ahora cuando me sentía realmente "cubierta" por "el seguro" de mi familia en caso de fallar en el intento de saltar más arriba que nunca.
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Yo con una empresa, una pareja estable y la mentalidad adulta que nunca pensé que conseguiría de mi misma? ¿Era cierto? Me estaba sorprendiendo a mi misma de todos los cambios, la transformación personal que había hecho, de lo espabilada que me había llegado a convertir en algunos aspectos... aún y así, todavía estaba asustada.
Lo cierto es que en lo más profundo de mi corazón yo sabía que necesitaba este cambio para sentirme no sólo "más segura conmigo misma" sino también más realizada. A causa de mi temperamento, me había costado mucho trabajar para otros y mis altos y bajos emocionales que ahora reconocía como nunca, me habían hecho llegar hasta lo que era actualmente... una emprendedora que busca la seguridad en si misma y no en negocios en los que trabajas por cuenta ajena.
Seguí trabajando en mis cuentas y, aunque siempre perdía todos los papeles que escribía y nunca me miraba los resultados de balance de mis cuentas, los escribía igual a mano porque se me quedaban "intuitivamente" grabados en la mente para ir calculando futuros gastos e ingresos próximos.